Marea negra | El riesgo del consumo

La marea negra es la masa oleosa que se crea cuando se produce un gran vertido de petróleo —o alguno de sus derivados— en el medio marino. Sus efectos ecológicos pueden hacerse notar durante años, y dependen del tipo de vertido, la cantidad del mismo y el tipo de costa afectada.

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Son los grandes accidentes de buques petroleros que se han constatado desde principios del siglo XX.
La primera gran marea negra de la historia tuvo lugar en 1967, cuando el buque Torrey Canyon derramó 120.000 toneladas de crudo. Desde entonces, catástrofes similares se han sucedido por todo el planeta, debido al elevado tráfico de petroleros que satisface las necesidades energéticas sobre todo del mundo occidental y a las inadecuadas condiciones del transporte. Galicia tiene un triste récord en este tipo de siniestros debido a las rutas petroleras que rodean sus costas, y los temporales que las caracterizan.

La marea negra causa los mayores daños cuando alcanza las costas. Los organismos más sensibles a esta contaminación son los que viven fijos al sustrato o que tienen una reducida movilidad, como es el caso de las algas y los invertebrados, entre los que se cuentan los moluscos, crustáceos, anémonas, esponjas y gusanos de mar. A ellos hay que sumar los huevos de muchas especies.

Las causas de mortalidad entre los seres vivos que habitan una zona afectada por un vertido son la falta de luz, factor de gran importancia pues se impide la fotosíntesis que realizan las algas y supone el comienzo de las cadenas de alimentación en el océano. También la asfixia, al impedirse la respiración, el hambre –por falta de alimento-, la parálisis al quedar inmovilizados los animales, el envenenamiento y el frío, en el caso de aves, que pierden la capacidad de impermeabilizar sus plumas. A los daños ecológicos deben sumarse los económicos. El sector pesquero y las industrias relacionadas, así como el turismo pueden sufrir considerables pérdidas, que repercuten en la economía de la región contaminada.

Los vertidos de petróleo y sus derivados comienzan a degradarse lentamente de forma natural al entrar en contacto con el medio marino. En este proceso actúan factores físicos, químicos y biológicos. Así, por ejemplo, los componentes más ligeros se evaporan más rápido cuanto  mayor es la velocidad del viento y la temperatura. La luz solar y el oxígeno provocan la degradación química del vertido y los componentes más pesados son descompuestos lentamente por bacterias y hongos. Parece que la recuperación de las zonas que han padecido grandes vertidos, dependen del tipo de costa y el oleaje predominante. Las zonas más batidas registran recuperaciones más rápidas que las protegidas.